La presencia de payasos o
“clowns" en los hospitales permite mejorar la recuperación de los
pacientes. Es parte de lo que se denomina “humanizar la atención”. El Instituto
Nacional de Salud del Niño de San Borja (INSN-SB) tiene una apuesta por el arte
para mejorar la calidad de vida de sus "pacientitos".
Toc, toc. “Hola, ¿podemos
entrar?”, preguntan sonrientes el “Doctor Pipe” y la “doctora Pésima” antes de
dar un paso dentro de la habitación, quinto piso, al fondo del pasillo, pasando
la estación de enfermeras. Un Josecito empijamado dice sí. Se emociona. Conoce
a estos señores de la nariz roja. Sabe que son garantía de diversión.
Hace un mes, a José Rivera, que tiene 6 años y
ha llegado desde el norte, lo operaron de la tráquea aquí, en el INSN-SB.
Intenta hablar con su voz aún ausente, pide soplar burbujas y se carcajea
cuando al “doctor Pipe” no le salen sus burbujas del tamaño gigante.
“Se distrae un poco; los
espera cada vez que vienen”, cuenta Kati Córdova, la mamá. Observa la escena y
también conversa con los clowns o clauns. José sabe que cada martes y sábado,
los clowns los visitan. Y la Compañía Payasa lo ha nombrado “director de
turismo”, porque de un momento a otro aparece en otra habitación, buscando a
los clowns.
En otra habitación del
INSN-SB, el “doctor Gonta” y la “doctora Bombacha” se toman un selfie
imaginario con Lhian Bailón, una niña de 16 años que sufrió un accidente de
tránsito en La Oroya y deberá someterse a una cirugía mayor. “No sé de dónde
vengan ni quién los traiga, pero mi niña ya no está triste”, dice Ángel, el
papá, que viene desde Pichanaki, selva central.
Fuente:
Andina

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