Brasil celebra una goleada
contundente contra España, desnaturalizada y con una inferioridad elocuente
ante un rival que mostró el colmillo en cada jugada.
España encajó en Río un
maracanazo en toda orden, el mayor azote que ha recibido en un partido oficial
en la etapa de Vicente del Bosque como seleccionador. El sueño de jugar en
Maracaná y ante su hidalgo representante derivó en una pesadilla. No hubo
muestrario español, con un equipo zarandeado desde el primer suspiro por un
rival desbocado, frenético, que se tomó la cita como una cuestión de estado
mayor. Con el cuchillo entre los dientes, Brasil descamisó a España, que,
además, padeció unas cuantas desdichas: concedió goles en minutos fatídicos, se
quedó a un centímetro del 1-1 en una jugada de Pedro, Sergio Ramos falló un
penalti ya con 3-0 y Piqué acabó expulsado, víctima de las diabluras de Neymar.
Una noche aciaga por completo para la selección española, que se llevó un
varapalo que no esperaba. Su inferioridad fue elocuente, inopinada por lo bien
que ha competido siempre este equipo. De todo se aprende, y España puede
hacerlo si hace la lectura adecuada y todo queda en una jornada para el olvido,
casual. Al ir a la lona, los verdaderos campeones se levantan.
BRASIL, 3 - ESPAÑA, 0
Árbitro: Bjorn Kuipers (Holanda).
Expulsó a Piqué con tarjeta roja directa (m. 68) y amonestó a Arbeloa y Sergio
Ramos. Unos 75.000 espectadores en Maracaná.
Brasil desnaturalizó a la Roja,
que se sintió siempre en un partido engorroso. Hizo lo imposible por que el
partido no tuviera carrete, por que se interrumpiera una y otra vez. Hasta que
se vio ganador al inicio del segundo tiempo, faltas, grescas, demoras en cada
jugada. Con las gradas en combustión, efervescentes desde horas antes del
inicio, la selección canarinha mostró el colmillo en cada acción. Piernas de
mármol, la mandíbula a punto de estallar y el partido siempre en el horno.
España se movía en un hervidero, en un territorio minado, y nunca estuvo a
gusto. Le resultó imposible dar palique al juego, ni siquiera a través de
jugadores como Xavi e Iniesta. No encontraba las bandas, donde Alves, con las
riendas, defendía con ardor, y Fernando Torres quedaba encapsulado entre Thiago
Silva y David Luiz. No hubo migas de Mata, fuera del duelo desde el arranque.
FUENTE: EL PAÍS
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